Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles

Miércoles 10 de Diciembre 1997

   

Queridos hermanos y hermanas:

El Jubileo del 2000 nos invita a conmemorar el acontecimiento que abre la era cristiana: el nacimiento de Jesús. La Encarnación del Verbo de Dios ha producido un cambio fundamental en la condición misma del tiempo. Se podría decir que, en Cristo, el tiempo humano se ha llenado de eternidad. La entrada de la eternidad en el tiempo es también el ingreso en la vida terrena del amor eterno que une el Hijo al Padre.

Si en Cristo el tiempo es elevado a un nivel superior, esto significa que el próximo milenio no debe ser considerado simplemente como un paso más en el tiempo, sino como una etapa del camino de la humanidad hacia su destino definitivo. El año 2000 no es sólo la puerta de otro milenio: es la puerta de la eternidad que, en Cristo, continúa abriéndose al tiempo y le confiere su profundo valor y su auténtico significado.

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Me complace saludar ahora a todos los peregrinos de lengua española venidos desde América Latina y España. Que la ya cercana celebración del Gran Jubileo ayude a los creyentes y a todos los hombres de nuestro tiempo a dilatar el corazón hacia una vida en plenitud. Con este deseo, os imparto con afecto la Bendición Apostólica.