Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles

Miércoles 22 de Octubre 1997

   

Queridos hermanos y hermanas:

El Concilio Vaticano II afirma que el culto de la Bienaventurada Virgen María, "tal como ha existido siempre en la Iglesia, aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración, que se da al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, pero lo favorece muy poderosamente" (LG, 66). En efecto, habiendo una distancia infinita entre el culto a María y el culto dado a Dios, sin embargo, existe entre ambos una continuidad, ya que el honor rendido a la Virgen conduce a la adoración de la Santísima Trinidad.

El culto mariano manifiesta la alabanza de la Iglesia a Dios por los dones extraordinarios conferidos a María, como su santidad inmaculada, su maternidad divina y su asociación a la obra de la redención y al sacrificio de la Cruz.

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Me complace saludar ahora a los peregrinos de lengua española. De modo particular, a las Religiosas Misioneras de Santo Domingo, a los miembros del Instituto Industrial de Terrassa, a los fieles de Baños de Río Tobía y de Oropesa, de España, así como a los demás grupos de México, Argentina y Costa Rica. A todos os invito a acudir con confianza a María, Madre de la Iglesia y Madre de la humanidad, mientras os imparto con afecto la Bendición Apostólica.