Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles

Miércoles 8 de Octubre 1997

    

Amadísimos hermanos y hermanas:

Bajo el lema "la familia, don y compromiso, esperanza de la humanidad" he tenido en Río de Janeiro, el Segundo Encuentro Mundial con las Familias. Tengo aún muy presentes las imágenes y las emociones de este gran acontecimiento que constituye una de las etapas más significativas del camino de la Iglesia hacia el Gran Jubileo del Dos mil. Después de la Jornada Mundial de la Juventud en París, Dios me ha concedido poder vivir esta cita con las familias. Son dos acontecimientos relacionados pues si los jóvenes son el futuro, también es verdad que sin la familia no hay futuro para la humanidad.

El Encuentro de Río ha sido una elocuente "epifanía" de la familia, que se ha manifestado en su identidad sustancial: una comunión de amor, fundada sobre el matrimonio y llamada a ser santuario de la vida, iglesia doméstica, célula de la sociedad. Desde allí se ha lanzado a todo el mundo un mensaje de esperanza, enriquecido por las experiencias vividas en los cinco continentes: es posible y gozoso, aunque comprometido, vivir el amor fiel, abierto a la vida, participando en la misión de la Iglesia y en la construcción de la sociedad.

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Saludo con afecto a todos los peregrinos de lengua española. En especial a los Sacerdotes del Pontificio Colegio Mexicano, a los integrantes del Curso de perfeccionamiento de la Academia Superior de Estudios Penitenciarios de Argentina, así como a los demás grupos de España, México, Puerto Rico, Uruguay y Chile. A todos los presentes y a sus familias imparto de corazón la Bendición Apostólica, que les ayude a encarnar y dar testimonio de los valores que brotan del hogar de Nazaret.