Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles

Miércoles 3 de Setiembre 1997

   

Queridos hermanos y hermanas:

La Iglesia, a pesar del pecado de sus miembros, es ante todo la comunidad de los llamados a la santidad. En este arduo camino hacia la perfección, los cristianos se sienten animados por la Virgen María, la toda santa. Ella representa para los creyentes el paradigma de la auténtica santidad que se realiza en la unión con Cristo. En efecto, la vida terrena de la Madre de Dios estuvo caracterizada por su perfecta sintonía con la persona del Hijo y su obra redentora.

María, después de haber cooperado a la salvación con su maternidad, su asociación al sacrificio de Cristo y su ayuda materna a la Iglesia naciente, continúa hoy sosteniendo a la comunidad cristiana en su compromiso evangelizador.

*******

Me complace saludar ahora a los peregrinos de lengua española. De modo particular, a los fieles de El Salvador, a los jóvenes del Ecuador, así como a los demás grupos de México, España, Panamá y Chile. A todos os invito a poner los ojos del corazón en María, modelo de caridad y de esperanza para la Iglesia, mientras os imparto con afecto la Bendición Apostólica.