Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles

Miércoles 30 de Julio 1997

   

Queridos hermanos y hermanas:

El papel que María tiene en la obra de la salvación nos invita a profundizar en la relación existente entre Ella y la Iglesia.

María es ciertamente una criatura privilegiada por Dios, pero sus especiales prerrogativas le han sido concedidas en virtud de los méritos de la redención de Cristo. A este respecto el Concilio Vaticano II afirma que también Ella "se encuentra unida, en la descendencia de Adán, a todos los hombres que necesitan ser salvados" (LG, 53). Por eso comparte plenamente nuestra misma condición y forma parte de la Iglesia.

A su vez, dentro de la Iglesia, María ocupa un lugar destacado, como miembro muy eminente y del todo singular. Ella es, en efecto, figura, modelo y Madre de la Iglesia, por ser la predilecta del Padre, estar unida íntimamente a la obra redentora de su divino Hijo y permanecer siempre dócil a la acción del Espíritu Santo. Consciente de los dones recibidos, la Santísima Virgen comparte con los creyentes la actitud de obediencia filial y de profunda gratitud a Dios, alentando a todos a que reconozcan los signos de la benevolencia divina en la propia vida.

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Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta audiencia, en especial al grupo de la Organización Juvenil Española, a la coral de la Virgen del Mar de Almería, así como a las quinceañeras venidas de México y al grupo Mariachi Juvenil Guadalupano. Que el ejemplo de María os ayude a recibir con gozo los dones del Espíritu Santo y a responder a ellos con generosidad. A todos os imparto de corazón la Bendición Apostólica. Muchas gracias