Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles

Miércoles 23 de Julio 1997

   

Queridos hermanos y hermanas:

La devoción popular invoca a María como Reina. A este respecto, el Concilio Vaticano II dice que Ella fue "elevada al trono por el Señor como reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte" (LG, 59). María, Asunta al cielo, es asociada al poder redentor de Cristo y se dedica a extender su Reino, participando a la difusión de la divina gracia en el mundo. Por esto María es la reina que posee y ejerce sobre el universo la soberanía recibida de su Hijo.

Los cristianos miran, pues, con confianza a María Reina, y esto favorece su abandono filial en Ella, que es nuestra madre en el orden de la gracia. El estado glorioso de María, lejos de crear una distancia entre nosotros y Ella, facilita su cercanía continua y solícita. Ella conoce todas las necesidades de nuestra existencia y nos sostiene con amor. materno en la pruebas de la vida. Es una Reina que da todo lo que tiene, sobre todo la vida y el amor de Cristo.

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Deseo saludar con afecto a los visitantes de lengua española, en particular a los sacerdotes que participan en el primer Curso internacional de Formadores de Seminarios. Saludo igualmente a los devotos marianos de la Virgen de la Cabeza, a los peregrinos mexicanos; a la Coral venezolana "Voces blancas de Mérida"; a los peregrinos colombianos, así como a la "Coral Nova" argentina de Tucumán. Al encomendaros a todos bajo la maternal protección de nuestra Reina y Madre, os imparto de corazón la Bendición Apostólica.