DEL BOLETÍN ZENIT DAILY DISPATCH
Los otros milagros del Papa Juan Pablo II

Entrevista al autor Randall Meissen

Por Kathleen Naab
ROME, 18 FEB. 2011 (ZENIT)
El Papa Juan Pablo II será beatificado el 1° de mayo en parte porque gracias a su intercesión se produjo la curación de una religiosa francesa que padecía del Mal de Parkinson. Pero el Pontífice polaco produjo muchos otros milagros, milagros vivientes, según el Hermano Randall Meissen, Legionario de Cristo. El Hermano Meissen escribió un libro llamado Living Miracles: The Spiritual Sons of John Paul the Great (Milagros vivientes: los hijos espirituales de Juan Pablo el Grande), acerca de sacerdotes cuya vocación nació de la influencia de este Papa.  

El libro explica qué es lo que tienen en común estos sacerdotes de la "revolución JPII", y cómo Dios eligió plantar y hacer crecer la semilla de su vocación a través del testimonio del Obispo de Roma.

ZENIT: ¿Por qué llama Ud. a estos sacerdotes "milagros vivientes"? ¿No habrían sido sacerdotes de no haber sido por Juan Pablo II? ¿Cómo puede un hombre –aunque sea el Papa- tener una influencia tan profunda sobre alguien que condicione su estado de vida?

Hno. Meissen: En sentido amplio, un milagro es un suceso sobrenatural en su origen, algo que desafía toda explicación natural. Eso es la vocación en la vida de estos sacerdotes. Lo que ellos experimentaron fue un llamado, sobrenatural en su origen, que los llevó a seguir un camino radicalmente reñido con las opciones naturalmente obvias para la cultura imperante.

Pero, más específicamente, el título del libro expresa mi propia reacción ante los testimoniOs que contiene el libro. En algunas de las historias se narran momentos abrumadores en los que se ve claramente la mano de Dios. El Padre Mark White, siendo todavía luterano, entró en una capilla católica de su universidad y se sintió sobrecogido por una presencia misteriosa de Dios. Según él mismo afirmó, ese momento marcó un cambio radical en su vida. Otro testimonio es el de Juan Carlos Vásquez, un seminarista que tenía gran admiración a Juan Pablo, cuyo padre se recuperó de la enfermedad de Crohn (supuestamente incurable) rezando a Juan Pablo II.

Pero independientemente de esos casos, a lo largo de todo el texto, la sola cantidad de "coincidencias", los impresionantes giros y vueltas que vivieron estas personas parecen superar lo creíble. Su vocación sacerdotal y el celo con el que viven su ministerio en la Iglesia es de por sí un milagro viviente. Además, la "revolución JPII" toda, el efecto que ha tenido sobre la Iglesia, la fuerza cautivadora que transmitió y llenó de energía a una generación de católicos me hace pensar que todavía estamos viviendo el mayor milagro de Juan Pablo II.

ZENIT: ¿Qué tienen en común los sacerdotes que han sido influidos por Juan Pablo II?

Hno. Meissen: Los sacerdotes que presenta mi libro son muy diferentes entre sí. Sin embargo, todos se identifican con algún aspecto esencial de las enseñanzas y el estilo de ministerio de Juan Pablo II. En la cantidad de entrevistas que hice a sacerdotes, les pregunté si consideraban personalmente a Juan Pablo II como su padre espiritual. Me sorprendió la disparidad de reacciones. Muchos sacerdotes expresaron admiración por Juan Pablo II, pero un número más acotado respondió con una afirmación entusiasta: "¡Sin duda alguna!".

Creo que este punto es de suprema importancia cuando uno se refiere a Juan Pablo II y la influencia que sigue ejerciendo sobre la cultura eclesiástica. Uno de los pilares de la "revolución JPII" tiene que ver con la cultura de optimismo y entusiasmo que él construyó gracias a la autenticidad con la que vivió el mensaje del Evangelio. En los últimos años, el sacerdocio católico ha tenido una inmensa cuota de mala prensa. No es difícil imaginar que algunos sacerdotes estén apenados o avergonzados de su sacerdocio. Pero eso no pasa con los sacerdotes que viven la "revolución JPII". Por el contrario, ellos viven su vocación sacerdotal con una energía y un gozo desbordantes. El optimismo que tienen es infeccioso.

ZENIT: ¿Cómo fue que llegó a escribir este libro? ¿Cuál fue su criterio para seleccionar las historias de estos "milagros vivientes"?

Hno. Meissen: La idea del libro nació casi de un capricho. Hablaba con algunos sacerdotes sobre la existencia de una "generación JPII" cuando alguien sugirió que debía escribirse un libro sobre el tema. Como soy un apasionado incurable de Juan Pablo II, no pude resistirme a hacerlo yo. En cierta forma, el libro se escribió solo. Mandé algunos correos electrónicos a sacerdotes que conozco y ellos me refirieron a otros sacerdotes que tenían anécdotas. Tengo la impresión de que los sacerdotes de la "generación JPII" son como las uvas, que vienen en racimos. Parecen estar todos conectados entre sí, todos comparten el espíritu de Juan Pablo.

ZENIT: ¿Cuál de las historias de su libro le impresionó más?

Hno. Meissen: La del Padre Peter Mitchell se destaca por varios motivos. A los 19 años, decidió unirse al grupo de jóvenes de su parroquia en el viaje a la Jornada Mundial de la Juventud de 1993 en Denver. Lo motivaban dos razones: las montañas de esa ciudad y las muchachas que integraban el grupo que se había anotado para ir al encuentro. Pero ver al Papa Juan Pablo II fue un punto de inflexión en la vida de Peter. Se vio transformado: de vivir la fe con vergüenza y por costumbre, volvió de la Jornada inflamado con un audaz deseo de proclamar el Evangelio.

El Padre Mitchell comenta que la experiencia de la ceremonia de bienvenida del Papa en el estadio Mile High lo descolocó. La ceremonia se había desarrollado bajo una lluvia torrencial, pero cuando Juan Pablo empezó a rezar el Padrenuestro, un arcoíris enorme cruzó el estadio de lado a lado.

Un día y medio después, durante la Misa de clausura en el Parque Estatal Cherry Creek, el Padre Mitchell decidió aceptar el camino que Dios quisiera para él. En ese momento, explica, se arrodilló sobre el suelo y empezó a llorar con la sensación de que en su interior se derrumbaba una pared de resistencia. Fue entonces cuando aceptó la inspiración de una vocación sacerdotal y se decidió a hacer todo lo que el Señor quisiera.

Actualmente, el Padre Mitchell enseña en el Seminario Mayor St. Gregory de Nebraska, donde transmite sus bríos espirituales a una nueva generación de seminaristas. Además, atiende una parroquia, donde trabaja mano a mano con los jóvenes. Es un gran corredor y ha asistido en el entrenamiento en pista en la escuela pública de su zona. Dice el Padre Mitchell que quiere mostrar a los jóvenes que ser sacerdotes es "ser plenamente hombre, estar completamente vivo y comprometido de lleno con la vida".  

ZENIT: ¿Qué influencia ejerció Juan Pablo II sobre su propia vocación?

Hno. Meissen: En el año 2000, yo estaba empezando mis primeros estudios de Medicina, enterrado entre libros de biología y química, un poco a la deriva en el aspecto espiritual. Sin embargo, en pleno Jubileo, me fui a Roma en un viaje de peregrinación. Yo no estaba ni enterado de que mi viaje coincidía con la celebración anual de Corpus Christi, cuando el Papa preside una procesión eucarística a lo largo de las calles de Roma. En medio de la procesión, con el cuello estirado al máximo, yo trataba de ver al Papa, que pasaba transportado por un móvil, arrodillado él sobre una plataforma delante del Santísimo Sacramento bajo un palio. Otros años, cuando su salud lo había permitido, el Papa había hecho la procesión a pie.

En ese momento, cuando el Papa pasaba a pocos metros de donde yo estaba, miró al Santísimo Sacramento y en seguida giró la cabeza y con ojos penetrantes me dirigió la mirada directamente a mí. La verdad es que fue una sensación muy rara la de sentir que Juan Pablo me buscaba y me miraba. En sus ojos, llenos de pureza y paz, vi reflejada a la persona que yo quería ser. Después de esa experiencia, realmente empecé a batallar con la idea de la vocación al sacerdocio. Y volví, además, con una curiosidad imperiosa por conocer más sobre Juan Pablo II, su vida y sus escritos.

Un mes después, me había devorado el mamotreto sobre la biografía del Papa de George Weigel y empecé a leer los escritos de Juan Pablo: "Cruzando el umbral de la esperanza", "Don y misterio" y en particular su encíclica "El esplendor de la Verdad". Cuanto más leía, más quería imitar su ejemplo. El Papa tenía algo que yo quería. Lo que había visto en sus ojos en Roma nacía de una profunda unión con Dios.  

Me enamoró la vida de oración del Papa, una profunda mezcla mística de piedad polaca con la espiritualidad carmelita de San Juan de la Cruz. Yo quería rezar como rezaba el Papa, y empecé a escaparme de noche de mi cuarto en la universidad para ir a rezar a la capilla que quedaba enfrente. En el silencio de la noche, en esa capilla a la luz de una vela y del cartel luminoso de salida ("Exit") de la puerta, se me fue haciendo más evidente la certeza del llamado de Dios.

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En la web:  
"Living Miracles": www.amazon.com/Living-Miracles-Spiritual-Sons-Great/dp/1933271272/ref=sr_1_1?ie=UTF8&s=books&qid=1297985238&sr=8-1

Este artículo ha sido seleccionado del boletín ZENIT Daily Dispatch
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