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DISCURSOS - 20/8/2011

Santa Misa con los seminaristas - Saludo de un seminarista

 

Muy querido Santo Padre:

 

Con inmensa alegría le acogemos en esta Iglesia Catedral y le damos nuestra calurosa Bienvenida ¡Muchas gracias por haber querido celebrar la Eucaristía con los seminaristas del todo el mundo aquí presentes! Al tiempo que os acogemos, os expresamos nuestros sentimientos de respeto, afecto y devoción como Vicario de Cristo en la tierra.

 

Queremos felicitarle especialmente por sus 60 años de vida sacerdotal que hemos celebrado con todo afecto. ¡Qué Dios le conserve para bien de la Iglesia! Su testimonio nos ayuda a caminar hacia la plenitud de la vocación que hemos recibido de Dios. Como decía su antecesor, el Beato Juan Pablo II: "Merece la pena dar la vida por Cristo y por los hermanos". Vuestra Santidad nos lo viene mostrando con creces a lo largo de su vida y, ahora, en el ministerio de Pedro.

 

Vuestra Santidad viene mostrando hacia nosotros, los futuros sacerdotes, un gran cariño y cuidado pastoral. Le agradecemos de modo especial la carta que nos ha regalado a principio de este curso como culmen del año sacerdotal. Su enseñanza y exhortación a la oración, al estudio, a la vida centrada en Cristo para trasformarnos en "hombres de Dios" y a crecer en el seno de la comunión de la única Iglesia es una guía segura en el camino hacia el sacerdocio.

 

No resulta fácil hoy, Santo Padre, la misión de ser testigos de Cristo. Nos cuesta mucho llegar a nuestros hermanos alejados o no creyentes. Sin embargo, queremos ofrecer la esperanza del Evangelio con nuestra futura entrega sacerdotal a éste nuestro mundo, urgidos por la caridad de Cristo, como el mejor tesoro que nos ha entregado el Señor. Para ser fieles a ello le pedimos, Santo Padre, que nos encomiende a nuestra Madre, la Santísima Virgen María, para que lleguemos a ser otros Cristos en medio del mundo.

 

Santo Padre, muchas gracias por el ejemplo de su vida. Cuente siempre con nuestro cariño y oración.