Homilía del Santo Padre - Saludo de dos jóvenes al inicio de la Vigilia
Homilía del Santo Padre - Vigilia de oración con los jóvenes
Saludo del Cardenal Antonio María Rouco Varela - Santa Misa de la XXVI JMJ
Homilía del Santo Padre - Santa Misa de clausura de la JMJ 2011
Palabras del Cardenal Rylko al Santo Padre - Santa Misa de clausura de la JMJ 2011
Palabras del Santo Padre - Rezo del Angelus Domini en el aeródromo Cuatro Vientos de Madrid
Saludo del Cardenal Antonio María Rouco Varela - Encuentro con los voluntarios de la XXVI JMJ
Saludo de un voluntario - Encuentro con los voluntarios de la XXVI JMJ
Saludo de una voluntaria - Encuentro con los voluntarios de la XXVI JMJ
Discurso del Santo Padre - Encuentro con los voluntarios de la XXVI JMJ
Santa Misa con los seminaristas - Saludo de un seminarista
Muy querido Santo Padre:
Con inmensa alegría le acogemos en esta Iglesia Catedral y le damos nuestra calurosa Bienvenida ¡Muchas gracias por haber querido celebrar la Eucaristía con los seminaristas del todo el mundo aquí presentes! Al tiempo que os acogemos, os expresamos nuestros sentimientos de respeto, afecto y devoción como Vicario de Cristo en la tierra.
Queremos felicitarle especialmente por sus 60 años de vida sacerdotal que hemos celebrado con todo afecto. ¡Qué Dios le conserve para bien de la Iglesia! Su testimonio nos ayuda a caminar hacia la plenitud de la vocación que hemos recibido de Dios. Como decía su antecesor, el Beato Juan Pablo II: "Merece la pena dar la vida por Cristo y por los hermanos". Vuestra Santidad nos lo viene mostrando con creces a lo largo de su vida y, ahora, en el ministerio de Pedro.
Vuestra Santidad viene mostrando hacia nosotros, los futuros sacerdotes, un gran cariño y cuidado pastoral. Le agradecemos de modo especial la carta que nos ha regalado a principio de este curso como culmen del año sacerdotal. Su enseñanza y exhortación a la oración, al estudio, a la vida centrada en Cristo para trasformarnos en "hombres de Dios" y a crecer en el seno de la comunión de la única Iglesia es una guía segura en el camino hacia el sacerdocio.
No resulta fácil hoy, Santo Padre, la misión de ser testigos de Cristo. Nos cuesta mucho llegar a nuestros hermanos alejados o no creyentes. Sin embargo, queremos ofrecer la esperanza del Evangelio con nuestra futura entrega sacerdotal a éste nuestro mundo, urgidos por la caridad de Cristo, como el mejor tesoro que nos ha entregado el Señor. Para ser fieles a ello le pedimos, Santo Padre, que nos encomiende a nuestra Madre, la Santísima Virgen María, para que lleguemos a ser otros Cristos en medio del mundo.
Santo Padre, muchas gracias por el ejemplo de su vida. Cuente siempre con nuestro cariño y oración.