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DISCURSOS - 21/8/2011

Santa Misa de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud - Palabras de agradecimiento del Cardenal Rylko al Santo Padre

 

Beatísimo Padre,

 

Hemos llegado al momento culminante de la vigésimo sexta Jornada Mundial de los Jóvenes de Madrid. He aquí ante Usted, Santidad, a los jóvenes que se han reunido desde los rincones más variados de la Tierra: una Iglesia joven, llena de alegría y entusiasmo de la fe. Son jóvenes orgullosos de pertenecer a Cristo y a su Iglesia… Se trata verdaderamente de una "generación que busca a Dios" (cf. Sal 24, 6). Son jóvenes que en estos días transcurridos en Madrid han optado por vivir verdaderamente – como nos enseña San Pablo – "arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe" (cfr. Col 2,7).

 

Santo Padre, en su persona estos jóvenes encuentran siempre un verdadero padre que los quiere y un maestro de la fe, una guía segura que enseña a no perder jamás de vista lo que es esencial para la vida, es decir Dios – aquel Dios que se ha manifestado en el rostro de su Hijo hecho hombre por nuestra salvación. Gracias, Santo Padre, porque nos recuerda incansablemente que «las cuentas sobre el hombre, sin Dios, no cuadran; y las cuentas sobre el mundo, sobre todo el universo, sin él no cuadran» (Homilía en la explanada de Isling, Regensburg, 12 de septiembre de 2006). Gracias por el precioso don del Youcat, que los jóvenes encontraron en sus mochilas de peregrinos y por sus palabras de exhortación paternal: «Estudiad el catecismo con pasión y perseverancia […] Debéis conocer lo que creéis; debéis conocer vuestra fe […] debéis estar mucho más profundamente arraigados en la fe que la generación de vuestros padres, para poder resistir con fuerza y decisión a los desafíos y las tentaciones de este tiempo.» (Prólogo al Youcat).

 

Ahora, llegados al final de estas jornadas maravillosas transcurridas en Madrid, rebosantes de alegría, los jóvenes desean expresarle, Santo Padre, su profunda y filial devoción y su gratitud. ¡Gracias por haber presidido esta JMJ! ¡Gracias por las palabras que ha querido dirigir a estos jóvenes – palabras de esperanza que iluminan su camino!

 

Estrechamente unidos a Su Santidad, Sucesor de Pedro, queremos renovar hoy también nuestro agradecimiento al Beato Juan Pablo II por el don de las Jornadas Mundiales de la Juventud que ya cuentan veinticinco años de historia: ¡cuántas vidas transformadas! ¡Cuántas decisiones vocacionales! ¡Cuántos frutos de santidad!

 

Santo Padre, ahora llegamos al momento importante y tan esperado del envío misionero. Como conclusión de la Jornada Mundial de la Juventud 2011, todos los jóvenes aquí presentes están listos para salir de Madrid al mundo entero, enviados por vuestra Santidad, como apóstoles de la nueva evangelización. Cada uno de ellos ha recibido una pequeña cruz misionera que Usted, Santo Padre, bendecirá dentro de poco. Esta cruz les recordará siempre la importante consigna que han recibido hoy, de llevarla por el mundo como signo del amor del Señor Jesús por la humanidad, anunciando a todos que solo en Cristo, muerto y resucitado, hay salvación y redención.

 

Santo Padre, ¡bendiga a este pueblo de jóvenes misioneros "arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe", listos para salir a dar testimonio de su fe hasta los confines de la tierra!

 

¡Gracias, Santo Padre!