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JUAN PABLO II, EL PRIMER PAPA QUE
ENTRA EN UNA MEZQUITA
CIUDAD DEL VATICANO, 6 MAY 2001 (VIS).-Juan Pablo II se trasladó
esta tarde de la catedral siro-ortodoxa a la Gran Mezquita de los Omeyas
de Damasco, donde entró, siendo de este modo el primer papa que lo hace.
Al llegar, fue acogido por el Gran Muftí de la República Arabe de
Siria, el Jeque Ahmad Kuftaro, y por el ministro del Waqf (bienes
religiosos).
La mezquita fue construida en el siglo VIII, tras la conquista árabe
de Damasco (636), sobre los restos de los edificios existentes, entre
ellos, la catedral de Damasco, dedicada a San Juan Bautista. El edificio
fue revestido de mármol y mosaico con el fondo dorado. La decoración
-la mayor realizada en mosaico, con una extensión de 4.000 metros
cuadrados-, según las normas iconoclastas del Islam, representa casas,
palacios, vegetales y cursos de agua.
Se considera "Mezquita de los Omeyas" no solo al lugar de
la reunión para la oración y la predicación del viernes sino todo lo
que hay dentro del recinto sagrado, es decir, un complejo de edificios:
Sala de Oración, otras Salas y algunas Madrasa ("escuelas"
coránicas y de epigrafía árabe). La Sala, que fue totalmente
destruida durante el incendio de 1893, fue reconstruida según el diseño
original. Dentro de ella se encuentra el Cenotafio de San Juan Bautista,
el lugar donde según la tradición, el emperador Teodosio hizo sepultar
el cráneo del este santo.
El Santo Padre se descalzó, se puso unas babuchas blancas y entró
en la mezquita. Al llegar al mausoleo de San Juan Bautista, oró en
silencio unos minutos.
Una vez fuera del recinto, en el patio de la mezquita, se reunió con
los representantes musulmanes de la región, a quienes dijo: "Que
el encuentro de hoy (...) sea un signo de nuestra determinación para
avanzar en el diálogo inter-religioso entre la Iglesia católica y el
Islam. Este diálogo ha adquirido un mayor impulso en los últimos
decenios, y hoy podemos estar agradecidos por el camino recorrido hasta
el momento".
"Es importante -continuó- que los musulmanes y los cristianos
sigan examinando juntos cuestiones filosóficas y teológicas, con el
fin de alcanzar un conocimiento más objetivo y completo de las
creencias religiosas del otro. Una mejor comprensión recíproca llevará
seguramente, desde el punto de vista práctico, a un modo nuevo de
presentar nuestras religiones, no en oposición, como ha sucedido con
demasiada frecuencia en el pasado, sino en colaboración por el bien de
la familia humana".
El Papa terminó afirmando que "las experiencias positivas -entre
cristianos y musulmanes- deben reforzar nuestras comunidades en la
esperanza de la paz; no se debería permitir que las experiencias
negativas minen esta esperanza. Debemos buscar el perdón del
Omnipotente por todas las veces que los musulmanes y los cristianos se
han ofendido recíprocamente y ofrecer el perdón unos a otros".
Terminada la visita a la mezquita, el Santo Padre se trasladó a la
nunciatura apostólica de Damasco para cenar y pasar la noche.
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