Carta del Moseñor Joao Quaresma (1932)

En esta carta, escrita en 1932, el Monseñor Joao describe lo que él ha visto y oído en Septiembre 13, 1917. En ese tiempo él era Vicario General de la diócesis de Leiria, a la que pertenecía Fátima, quien luego serviría en la comisión canónica de interrogación.

Quince años han pasado desde los eventos extraordinarios de Fátima. Nubes oscuras se posaron sobre Portugal y su gente, mientras la tristeza y la desesperación reinaban en nuestro país. En medio de la oscuridad innumerables oraciones eran ofrecidas a Dios, pidiendo perdón y misericordia.

Los hombres esperaban por un rayo de luz en la tormenta que habían provocado las pasiones humanas. El Señor escuchó las oraciones se Sus servidores, y aparecieron en el cielo de Fátima, como un arco iris después de las inundaciones, una visión de Paz. La visión le habló a tras niños y al instante las nubes terribles comenzaron a dispersarce y las almas respiraron ya que la tristeza fue puesta a un lado. Ojos, buscando la luz, buscaban en los cielos donde la brillaba la estrella de la mañana.

Ahora, no será que estos simples niños estaban errados? No serían víctimas de una ilusión? Sin embargo es siempre posible que nuestra Señor venga a la tierra para traernos un mensaje. Puede haber alguna verdad en lo que han dicho los niños? Cómo explicar el hecho de que estas multitudes que llenaban la Cova todos los trece de mes declaraban que eran testigos de fenómenos extraordinarios?"

De manera que en una bella mañana de septiembre nos fuimos de Leiria en un carruaje tirado por un viejo caballo, al lugar donde se decía que las tan debatidas apariciones tenían lugar. El padre Gois encontró el punto crucial del amplio anfiteatro desde donde podríamos observar los eventos, sin acercarnos mucho al lugar donde los niños esperaban la aparición.

Al medio día había un completo silencio. Uno sólo escuchaba el murmullo de las oraciones. De repente ruidos de júbilo y voces venerando a la Santísima Virgen. Los brazos se alzaban señalando algo en el cielo. "¿Miren, no ven?"

"Sí, sí yo sí…" Mucha satisfacción de parte de aquellos que ven. No había habido ni una nube en el cielo azul y, yo también levanté mis ojos y lo analicé en caso de que yo pudiera distinguir lo que los otros, más afortunados que yo, habían dicho que veían.

Con gran asombro yo vi, clara y precisa, una esfera luminosa que se movía desde el esta hasta el oeste, deslizándose suve y majestuosamente por el espacio. Mi amigo también miró, y tuvo la buena suerte de disfrutar de la misma visión inesperada y encantadora. 

Cerca de nosotros había una pequeña niña vestida como Lucía, más o menos de la misma edad. Ella continuo a gritar muy feliz. "¡Todavía la veo¡ ¡Todavía la veo¡.. ¡ahora baja! 

Después de unos minutos, alrededor de la duración de las apariciones, la niña comenzaba a exclamar de nuevo, señalando al cielo: "Ahora se va hacía arriba otra vez!" – y ella siguió la esfera con sus ojos hasta que desapareció en la dirección del sol. " "¿Que piensas de esa esfera?" Le pregunté a mi compañero quien parecida entusiasmado de lo que vió. "Que esa era nuestra Señora", me repitió sin titubeo.

It was my undoubted conviction also. The children had contemplated the very Mother of God, while to us it had been given to see the means of transport---if one may so express it---which brought her from heaven to the inhospitable waste of the Serra da Aire. I must emphasize that all those around us appeared to have seen the same thing, for one heard manifestations of joy and praises of our Lady. But some saw nothing. Near us was a simple devout creature, crying bitterly because she had seen nothing.

Esta era mi convicción indudable. Los niños habían contemplado a la misma Madre de Dios, mientras nosotros se nos permitió ver su medio de transporte – si uno puede decirlo de esta manera – que la trajo desde el cielo al inhospedable desecho de la Serra da Aire. Debo enfatizar que todos aquellos alrededor de nosotros parecieron haber visto lo mismo, ya que uno escuchaba manifestaciones de gozo y alabanzas a nuestra Señora. Pero algunos no vieron nada. Cerca de nosotros había una simple devota, que lloraba amargamente porque no había visto nada. Nosotros estabamos tan contentos. Mi compañero fue de grupo en grupo en la Cova, y después en el camino tomando información. Aquellos a los que él interrogó –que eran de todo tipo de personas, de diferentes grupos sociales, pero uno tras de otros afirmó la realidad del fenómeno que nosotros mismos habíamos presenciado.

Con una satisfacción inmensa nos fuimos a casa después de este peregrinaje a Fátima, firmemente resueltos a volver el 13 de octubre para poder confirmar aún más los hechos.

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