
CUARTA ESTACIÓN:
Jesús se encuentra con su Madre
V. Te adoramos, Señor y te bendecimos,
R. que por tu santa cruz, redimiste al mundo.
Mi Jesús, era una gran tristeza considerar que
Tu Dolor causó tanta pena. Como Redentor, Tú quería que Ella compartiera Tu dolor para
la humanidad. Cuando tus miradas cruzaron en este momento de sufrimiento indecible, ¿qué
fue lo que les dio la valentía para seguir sin alivio- sin enojo por tanta injusticia?
Parece como si desearas sufrir todos los dolores
posibles para darme un ejemplo de cómo sufrir cuando llega mi tiempo. Qué humillación
para Ti cuando tu Madre te vio en este estado tan penoso- débil - indefenso - sujeto a la
misericordia de hombres pecadores- la santidad expuesto a lo maligno en toda maldad.
Cada momento de ese breve encuentro, ¿te
pareció una eternidad? Como he visto tanto sufrimiento en el mundo, hay veces que creo
que ya no hay esperanzas. Hay un elemento de letargo en mis oraciones por la humanidad que
dice: "Oraré, pero ¿de qué servirá? Los enfermos se enferman más y los
hambrientos se mueren de hambre. Pienso en esa mirada entre Tú y María- la mirada que
dijo: "Demos este padecimiento al Padre por la salvación de las almas. El poder del
Padre toma todos nuestros dolores y frustraciones y renueva las almas, los salva para una
vida nueva- una vida de alegría eterna, dicha eterna. Vale la pena todo esto." Dale
perseverancia a los enfermos para que puedan cargar con su cruz de frustración y agonía
con amor y resignación por la salvación de otros.
Amén. |