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Palabras..... Resúmen del Mensaje del Santo Padre al comenzar la celebración de la Santa Misa en Santa Clara 22 de enero de 1998 El primer fruto de mi visita será una misa para la familia, eje central de la sociedad humana; en la cual Cristo mismo nació á y vivió en; Misterio de la Iglesia, donde Él está presente entre los esposos y los hijos como un lazo de comunión y garantìa del crecimiento humano y valores divinos. Al comienzo de esta celebración renovemos nuestra alianza con Dios, Nuestro Padre y pidamos perdón por nuestros pecados. Abramos nuestros corazones al Espìritu Santo, Espìritu del Amor y de la Recociliación, Esperanza y Amor.
Doy gracias a Dios, Señor de la historia y de nuestros destinos, que me ha permitido venir hasta esta tierra, calificada por Cristóbal Colón como "la más hermosa que ojos humanos han visto". Al llegar a esta Isla, donde fue plantada hace ya más de quinientos años la Cruz de Cristo- cruz celosamente conservada hoy come un tesoro en el templo parroquial de Baracoa, en el extremo oriental del Paìs- saludo a todos con particular emoción y gran afecto. Ha llegado el felìz dìa, tan largamente deseado, en que puedo corresponder a la invitaci6n que los Obispos de Cuba me formularon hace ya algún tiempo, invitación que el Señor Presidente de la República me hizo tambièn y que reiter6 personalmente en el Vaticano con ocasión de su visita el mes de noviembre de 1996. Me llena de satisfacción, visitar esta Nación, estar entre Ustedes y poder compartir asì unas jornadas llenas de fe, de esperanza y de amor. Me complace dirigir mi saludo en primer lugar al Señor Presidente Dr. Fidel Castro Ruz, que ha tenido el gesto de venir a recibirme y al cual deseo manifestar mi gratitud por sus palabras de bienvenida. Expreso igualmente mi reconocimiento a las demás autoridades aquì presentes, asì como al Cuerpo Diplomátlco y a los que han ofrecido su valiosa cooperación para preparar esta Visita pastoral. Saludo entrañablemente a mis Hermanos en el Episcopado; en particular, al Señor Cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, Arzobispo de La Habana y a cada uno de los demás Obispos cubanos, asì como a los que han venido de otros Paìses para participar en los actos de esta Visita pastoral y asì renovar y fortalecer, como tantas veces, los estrechos vìnculos de comunión y afecto de sus Iglesias particulares con la Iglesia que está en Cuba. En este saludo, mi corazón se abre tambièn con gran afecto a los queridos sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, catequistas y fieles, a los que me debo en el Señor como Pastor de la Iglesia Universal (cf. Const.dogm.Lumen gentium, 22 ). En todos ellos veo la imagen de esta Iglesia local, tan amada y siempre presente en mi corazón, sintièndome muy solidario y cercano a sus aspiraciones y legìtimos deseos. Quiera Dios que esta Visita que hoy comienza sirva para animarlos a todos en el empeño de poner su propio esfuerzo para alcanzar esas espectativas con el concurso de cada cubano y la ayuda del Espìritu Santo. Ustedes son y deben ser los protagonistas de su propia historia personal y nacional. Asimìsmo saludo cordialmente a todo el pueblo cubano, dirigièndome a todos sin excepción; hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, adolescentes y niños; a las personas que encontrarè y a las que no podrán acudir por diversos motivos a las diferentes celebraciones. Con este Viaje
apostólico vengo, en nombre del Señor, para
confirmarlos en la fe, animarlos en la esperanza,
alentarlos en la caridad: para compartir su profundo
espìritu religioso, sus afanes, alegrìas y
sufrimientos, celebrando, como miembros de una gran
familia, el misterio del Amor divino y hacerlo presente
más profundamente en la vida y en la historia de este
noble pueblo, sediento de Dios y de valores espirituales
que la Iglesia, en estos cinco siglos de presencia en la
Isla, no ha dejado de dispensar. Vengo como peregrino del
amor, de la verdad y de la esperanza, con el deseo de dar
un nuevo impulso a la labor evangelizadora que, aún en
medio de dificultades, esta Iglesia local mantiene con
vitalidad y dinamismo apostólico caminando hacia el
Tercer Milenio cristiano. La Iglesia en Cuba ha anunciado siempre a Jesucristo, aunque en ocasiones haya tenido que hacerlo con escasez de sacerdotes en circunstancias difìciles. Quiero expresar mi reconocimiento a tantos creyentes cubanos por su fidelidad a Cristo, a la Iglesia y al Papa, asì como por el respeto demostrado hacia las tradiciones religiosas más genuinas aprendidas de los mayores y por el valor y perseverante espìritu de entrega que han testimoniado en medio de sus sufrimientos y anhelos. Todo ello se ha visto recompensado en muchas ocasiones con la solidaridad mostrada por otras comunidades eclesiales de Amèrica y del mundo entero. Hoy, como siempre, la Iglesia en Cuba desea poder disponer del espacio necesario para seguir sirviendo a todos en conformidad con la misión y enseñanzas de Jesucristo. Amados hijos de la Iglesia católica de Cuba: sè bien cuánto han esperado el momento de mi Visita, y saben cuánto lo he deseado yo. Por eso acompaño con la oración mis mejores votos para que esta tierra pueda ofrecer a todos una atmósfera de libertad, de confianza recìproca, de justicia social y de paz duradera. Que Cuba se abra con todas sus magnìficas posibilidades al mundo y que el mundo se abra a Cuba, para que este pueblo, que como todo hombre y nación busca la verdad, que trabaja para salir adelante, que anhela la concordia y la paz, pueda mirar el futuro con esperanza. Con la confianza puesta en el Señor y sintièndome muy unido a los amados hijos de Cuba, agradezco de corazón esta calurosa acogida con la que inicia mi Visita pastoral, que encomiendo a la maternal protección de la Santìsima Virgen de la Caridad del Cobre. Bendigo de corazón a todos, y de modo particular a los pobres, los enfermos, los marginados y a cuantos sufren en el cuerpo o en el espìritu. ¡ Alabado sea Jesucristo !
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