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El Viernes
Santo es un día de duelo, el mayor de todos. Cristo muere. El dominio de
la muerte, consecuencia del pecado, sobre todas nuestras vidas humanas
alcanza incluso al jefe de la humanidad, el Hijo de Dios hecho hombre. La acción litúrgica con que la Iglesia celebra, por la tarde, la redención del mundo, debería ser amada de todos los cristianos. En este día, el recuerdo solemne de la Pasión, las grandes oraciones en que la Iglesia ora confiada por la salvación de todos los hombres, la adoración de la cruz y el canto de los improperios son algo más que ritos emocionantes; es la oración y el hacinamiento de gracias de los rescatados que, en comunidad, adquieren conciencia ante Dios de todo lo que el misterio de la cruz representa para ellos. |
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| Las Siete Palabras | Triduo Pascual | |
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