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Mensajes

Vísperas en la Basílica Superior de la Anunciación en Nazaret.

 

Hermanos Obispos,
Padre Custodio,
¡Queridos hermanos y Hermanas en Cristo!:

 

Es para mi fuente de profunda emoción estar presente con ustedes en el lugar donde la Palabra de Dios se hizo carne y vino a habitar entre nosotros. ¡Qué oportuno es encontrarnos aquí reunidos para cantar la Oración de las Vísperas de la Iglesia, dando alabanzas y gracias a Dios por las maravillas que ha hecho en nosotros! Agradezco al arzobispo Sayah por las palabras de bienvenida, y a través de él, saludo a todos los miembros de la comunidad maronita aquí en Tierra Santa. Saludo a los sacerdotes, los religiosos, los miembros de los movimientos eclesiales y los operadores pastorales que han venido de toda Galilea. Una vez más alabo el cuidado demostrado por los hermanos de la Custodia, que en el curso de los siglos, han provisto a los lugares santos como estos. Saludo al Patriarca Latino emérito, Su Beatitud Michel Sabbah, que por más de veinte años guió el rebaño en estas tierras. Saludo a los fieles del Patriaracado Latino y al actual Patriarca, Su Beatitud Fouad Twal, así como a los miembros de la comunidad greco-melquita, representada aquí por el arzobispo Elías Chacour. Y en este lugar donde Jesús mismo creció hasta la madurez y aprendió la lengua hebrea, saludo a los cristianos de esa lengua, que son para nosotros una llamada a las raíces hebreas de nuestra fe.

 

Lo que sucedió aquí en Nazareth, lejos de la mirada del mundo, fue un acto singular de Dios, una potente intervención en la historia a través de la cual, un niño fue concebido para traer la salvación al mundo entero. El prodigio de la Encarnación continúa desafiándonos a abrir nuestra inteligencia a las ilimitadas posibilidades del poder transformador de Dios, de su amor por nosotros, de su deseo de estar en comunión con nosotros. Aquí el eterno Hijo de Dios se convirtió en hombre, e hizo posible para nosotros, sus hermanos y hermanas, el compartir su filiación divina. Aquel movimiento de rebajarse de un amor que se vació a sí mismo hizo posible el movimiento inverso de exaltación en el cual también nosotros fuimos elevados para compartir la vida misma de Dios (cf. Fil 2,6-11).

 

El Espíritu que “descendió sobre María” (cf. Lc 1,35) es el mismo Espíritu que se aleteó sobre las aguas en los albores de la Creación (cf. Gn 1,2). Esto nos recuerda que la Encarnación fue un nuevo acto creativo. Cuando Nuestro Señor Jesucristo fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno virginal de María, Dios se unió con nuestra humanidad creada, entrando en una permanente nueva relación con nosotros e inaugurando la nueva Creación. El relato de la Anunciación ilustra la extraordinaria gentileza de Dios (Cf. Madre Julian de Norwich, Revelaciones 77-79). Él no se impone a sí mismo, no predetermina sencillamente la parte que María tendrá en su plan de salvación: él busca ante todo su ascenso. En la creación original obviamente no era cuestión que Dios pidiera el consentimiento de sus criaturas, pero en esta nueva Creación él lo pide. María está en el puesto de toda la humanidad. Ella habla por todos nosotros cuando responde a la invitación del ángel. San Bernardo describe como la entera corte celestial estuvo esperando con ansiosa impaciencia su palabra de consentimiento gracias a la cual se cumplió la unión nupcial entre Dios y la humanidad. La atención de todos los coros de los ángeles se había reservado para este momento, en el que tuvo lugar un diálogo que habría dado inicio a un nuevo y definitivo capítulo de la historia del mundo. María dijo: “hágase en mí según tu palabra”. Y la Palabra de Dios se hizo carne...  ver más

 

Encuentro con los líderes religiosos de Galilea en el Auditorio del Santuario de la Anunciación

 

Queridos Amigos:

 

Estoy agradecido por las palabras de bienvenida del obispo Giacinto –Boulos Marcuzzo y por su calurosa acogida, saludo cordialmente a los líderes de las diversas comunidades presentes, que comprenden Cristianos Musulmanes, Judíos, Drusos y otros personas religiosos.

 

Siento como una particular bendición el poder visitar esta ciudad, venerada por los cristianos, como el lugar donde el Ángel anunció a la virgen Maria que habría concebido por obra del Espíritu Santo. Aquí también José, su prometido, vio al Ángel en sueños y le fue indicado de llamar al niño “Jesús”. Luego de estos maravillosos eventos que acompañaron su nacimiento, el niño fue traído a esta ciudad por José y Maria donde “crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él” (Lc 2,40).

 

La convicción de que el mundo es un don de Dios y que Dios ha entrado en las vicisitudes y en los eventos de la historia humana, es la perspectiva desde la cual los cristianos ven que la creación tiene una razón y un fin. Lejos de ser el resultado de un hecho casual, el mundo ha sido querido por Dios, y revela su glorioso esplendor.

 

En el corazón de toda tradición religiosa se encuentra la convicción de que la paz misma es un don de Dios, aunque no se pueda alcanzar sin el esfuerzo humano. Una paz duradera proviene del reconocimiento de que el mundo no es nuestra propiedad, si no más bien el horizonte en el cual estamos invitados a participar del amor de Dios y a cooperar en guiar el mundo y la historia bajo su inspiración. No podemos hacer con el mundo todo aquello que nos place; es más, estamos llamados a conformar nuestras decisiones a las complejas y todavía perceptibles leyes escritas por el Creador en el universo y a modelar nuestras acciones según la bondad divina que rebosa el reino de lo creado...  ver más

ARCHIVO

Discurso del Benedicto XVI en la despedida a Israel

 

Discurso del Papa en la visita al Santo Sepulcro

 

Vísperas en la Basílica Superior de la Anunciación en Nazaret

 

Encuentro con los líderes religiosos de Galilea en el Auditorio del Santuario de la Anunciación

 

Homilía de Benedicto XVI en la Santa Misa en el Monte del Precipicio en la ciudad de Nazaret

 

Ceremonia de despedida de los Territorios Palestinos

 

Discurso de Benedicto XVI en el Hospital Infantil de Cáritas en Belén

 

Homilía de Benedicto XVI en la Misa celebrada en la Plaza del Pesebre en Belén

 

Discurso del Papa en la bienvenida a los Territorios Palestinos

 

Homilía de Benedicto XVI en la Misa celebrada en el Valle de Josafat

 

Visita a la Concatedral de los Latinos de Jerusalén

 

Visita al Cenáculo de Jerusalén

 

Reunión con los dos grandes rabinos de Israel en el Centro Hechal Shlomo de Jerusalén

 

Discurso del Papa a los representantes musulmanes de Jerusalén

 

Visita al Muro Occidental

 

Discurso del Papa en el Memorial Yad Vashem a las víctimas del Holocausto

 

Discurso sobre la paz ante el presidente de Israel Shimon Peres

 

Ceremonia de bienvenida a Israel

 

Despedida de Benedicto XVI de Jordania

 

Bendición de las piedras angulares de las iglesias Latinas y Greco-Melquita en Betania.

 

Homilía de la Santa Misa en el estadio de Amman.

 

Vísperas en la Catedral Greco-Melquita de San Jorge en Amman

 

Encuentro con los líderes religiosos musulmanes, cuerpo diplomático y de las Universidades de Jordania

 

Bendición de la primera piedra de la Universidad de Madaba

 

Visita a la antigua Basílica del Memorial de Moisés en el Monte Nebo

 

Discurso de Benedicto XVI a jóvenes discapacitados en el centro Regina Pacis

 

Discurso de bienvenida en el aeropuerto de Ammán


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