EWTN: The Global Catholic Network

TV, Radio e Internet

Programación

martes, 11 de Mayo

Ceremonia de bienvenida a Lisboa 6 a.m. ET

 

Visita al Monasterio de los Jerónimos 7:45 a.m.

 

Visita al presidente de Portugal 8:45 p.m. ET

 

Santa Misa en Lisboa 1:15 p.m. ET

miércoles, 12 de Mayo

Encuentro con el Mundo de la Cultura 5 a.m. ET

 

Arribo a Fátima 12:10 p.m. ET

Vísperas 1 p.m. ET

 

Santo Rosario y Procesión de las Antorchas
4:30 p.m. ET

jueves, 13 de Mayo

Misa en Fátima 5 a.m. ET

viernes, 14 de Mayo

Misa en Porto 5:15AM a.m. ET

 

Despedida en Porto 8:30AM a.m. ET

 

ver todos

Comentaristas

Alejandro Bermúdez Padre Daniel Cardó
Alejandro Bermúdez Padre Daniel Cardó

Próximas Visitas del Papa

Visita Apostólica a Chipre
Junio 4 - Junio 6, 2010

 

Visita Apostólica a Gran Bretaña
Septiembre 16 - Septiembre 19, 2010

 

 

 

Encuentro con las organizaciones de pastoral social en la Iglesia de la Santísima Trinidad en el Santuario de la Virgen de Fátima
(13 de mayo de 2010)

 

Queridos hermanos y amigos,

 

Habéis escuchado decir a Jesús: “Anda y haz tu también así” (Lc 10, 37). Él nos exhorta a hacer nuestra tarea de buen samaritano, cuyo ejemplo ha sido apenas proclamado, mostrando las situaciones carentes de ayuda fraterna. ¿Y cuál es esta tarea? “Es un corazón que ve”. Este corazón ve donde hay necesidad de amor y actúa en modo consecuente” (Benedicto XVI, Enc. Deus caritas est, 31). Así ha hecho el buen samaritano y Él mismo, que se hace vecino a cada hombre y “vierte en sus heridas el óleo del consuelo y el vino de la esperanza” (Prefacio común VIII) y lo conduce al albergue, que es la Iglesia, donde lo hace curar, confiándolo a sus ministros y pagando en persona, por anticipado, por su curación. “Anda tú y haz también así”. El amor incondicional de Jesús que nos ha curado deberá ahora transformar en amor donado gratuitamente y generosamente, mediante la justicia y la caridad, si queremos vivir con un corazón de buen samaritano.

 

Me alegra mucho encontraros en este lugar bendito que Dios se ha escogido para recordar a la humanidad a través de la Virgen, sus designios de amor misericordioso. Saludo con gran amistad a toda persona presente así como a las instituciones a las que pertenecen, en la diversidad de iniciativas que se encuentran unidas en la reflexión sobre los asuntos sociales y sobre todo en la práctica de la compasión hacia los pobres, los enfermos, los presos, aquellos que viven solos y abandonados, las personas discapacitadas, los niños y los ancianos, los inmigrantes, los desempleados y cuantos pasan necesidades que turban la dignidad de personas libes. Gracias, Mons. Carlos Azevedo, por el homenaje de comunión y fidelidad a la Iglesia y al Papa que me han querido ofrecer de parte de esta asamblea de la caridad de la Comisión Episcopal de la Pastoral Social que usted preside y que no deja de estimular esta gran semilla de obras de bien en todo Portugal. Conscientes, como Iglesia, de no estar en capacidad de ofrecer soluciones prácticas a todos los problemas concretos, y desprovistos de cualquier tipo de poder, determinados a servir al bien común, estáis prontos a ayudar a ofrecer los medios de salvación a todos.

 

Queridos hermanos y hermanos que trabajan en el vasto mundo de la caridad, “Cristo nos revela que ‘Dios es amor’ y nos enseña que la ley fundamental de la perfección humana es entonces la de la transformación del mundo y el nuevo mandamiento del amor. Entonces quienes creen en la caridad divina tienen la certeza de que el camino de la caridad está abierto a todos los hombres”. El actual escenario de la historia y de crisis socio-económica, cultural y espiritual, pone en evidencia la oportunidad de un discernimiento orientado por la propuesta creativa del mensaje social de la Iglesia. El estudio de su doctrina social, que asume como principal fuerza y principio la caridad, permitirá trazar un proceso de desarrollo humano integral que involucra la profundidad del corazón y alcanza una más amplia humanización de la sociedad (cfr Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, 20). No se trata de simple conocimiento intelectual, sino de una sabiduría que da sabor y condimento, ofrece creatividad a las vías cognoscitivas y operativas listas para afrontar una crisis así amplia y compleja. Que puedan las instituciones de la Iglesia, junto a todas las organizaciones no eclesiales, perfeccionar su capacidad de conocimiento y las directivas en vistas a una nueva y grandiosa dinámica, que conduzca hacia “aquella civilización del amor, cuya semilla Dios ha puesto en todo pueblo, en toda cultura”.

 

En su dimensión social y política, esta diaconía de la caridad es propia de los fieles laicos, llamados a promover orgánicamente el bien común, la justicia y a configurar rectamente la vida social. Una de las conclusiones pastorales, surgidas en el curso de vuestras recientes reflexiones, es la de formar una nueva generación de servidores líderes. Atraer nuevos operadores laicos para este campo pastoral merecerá seguramente una particular premura de los pastores, atentos al futuro. Quien aprende de Dios Amor será inevitablemente una persona para los otros. En efecto, “el amor de Dios se revela en la responsabilidad por el otro”. Unidos a Cristo en su consagración al Padre, estamos aferrados por su compasión por las multitudes que piden justicia y solidaridad y, como el buen samaritano de la parábola, nos esforzamos a ofrecer respuestas concretas y generosas.

 

Sin embargo, con frecuencia no es fácil llegar a una síntesis satisfactoria entre la vida espiritual y la actividad apostólica. La presión ejercitada por la cultura dominante, que presenta con insistencia un estilo de vida fundado en la ley del más fuerte, de la ganancia fácil y atractiva, termina por influir en nuestro modo de pensar, en nuestros proyectos y en nuestras perspectivas de nuestro servicio, con el riesgo de vaciarlos de aquella motivación de la fe y la esperanza cristiana que los habían suscitado. Las numerosas y fuertes solicitudes de ayuda y sostenimiento que nos dirigen los pobres y los marginados de la sociedad nos hacen buscar soluciones que respondan a la lógica de la eficiencia, del efecto visible y de la publicidad. Sin embargo, la mencionada síntesis es absolutamente necesaria, amados hermanos, para poder servir a Cristo en la humanidad que os espera. En este mundo dividido, se impone a todos una profunda y auténtica unidad de corazón, espíritu y acción.

 

Entre tantas instituciones sociales al servicio del bien común, cercanas a las poblaciones necesitadas, están las de la Iglesia Católica. Es necesario que sea clara su orientación, para que asuman una identidad bien evidente: en la aspiración de sus objetivos, en la elección de sus recursos humanos, en los métodos de actuación, en la calidad de sus servicios, en la seria y eficaz gestión de medios. La firme identidad de las instituciones es un real servicio, de gran beneficio para quienes se benefician de ellas. Además de la identidad que conllevan, es un paso fundamental conceder a la actividad caritativa cristiana autonomía e independencia de la política y las ideologías (cfr Benedicto XVI, Enc. Deus caritas est, 31 b), también si se está en colaboración con los órganos del Estado para alcanzar metas comunes.

 

Que vuestras actividades asistenciales, educativas o caritativas sean completadas por proyectos de libertad que promuevan al ser humano, en la búsqueda de la fraternidad universal. Se coloca aquí el urgente esfuerzo de los cristianos en la defensa de los derechos humanos, atentos a la totalidad de la persona humana en sus diversas dimensiones. Expreso un profundo aprecio a todas las iniciativas sociales y pastorales que buscan luchar contra los mecanismos socio-económicos y culturales que llevan al aborto y que tienen bien presente la defensa de la vida y la reconciliación y la curación de las personas heridas por el drama del aborto. Las iniciativas que tienen como tarea tutelar los valores esenciales y primarios de la vida, desde su concepción, de la familia, fundada sobre el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, ayudan a responder a algunas de los más insidiosos y peligrosos desafíos que hoy se oponen al bien común. Tales iniciativas constituyen, junto a tantas otras formas de esfuerzos, elementos esenciales para la construcción de la civilización del amor.

 

Todo esto se integra bien con el mensaje de la Virgen que resuena en este lugar: la penitencia, la oración, el perdón que miran a la conversión de los corazones. Esta es la vía para edificar dicha civilización del amor, cuyas semillas Dios ha colocado en el corazón de cada hombre y que la fe en Cristo Salvador hace germinar.

 

 

 

 

Homilías y discursos

 

Mayo 11

 

Saludo a los jóvenes

 

Homilía en Lisboa

 

Visita al Presidente de la República

 

Bienvenida a Lisboa

 

Saludo al Rey de España

 

Mayo 12

 

Consagración de los sacerdotes a María

 

Homilía en las Vísperas

 

Oración del Santo Padre ante la Virgen

 

Encuentro con el Mundo de la Cultura

 

Mayo 13

 

Saludo a los enfermos.

 

Santa Misa en Fátima.

 

ver todos