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Carta de Pepe Alonso para el mes de Julio

Miami, julio del 2016

Familia. En este mes, el día cuatro, se celebra en este país el Día de la Independencia, el día de la "Libertad". La celebramos con bombos y platillos, pero, ¿realmente somos libres?.

He querido meditar en esta carta sobre la libertad, y he puesto como punto de referencia esta exhortación, yo diría que casi imperativo, de San Pablo al comienzo del capítulo 5, en su carta a los cristianos de Galacia. "Para ser libres nos liberó Cristo". Gálatas 5, 1

Hemos sido llamados a la libertad. Incluso San Pablo lo quiere dejar tan claro que hace como un juego de palabras, como que repite la palabra libertad: "para ser libres nos libertó".

Para la libertad nos ha liberado Cristo. Quiere hacernos ver que la libertad no es un medio, ni es un estilo, que acompaña la vida, sino que es un fin. Y es un don de Dios: quien nos libertó es Cristo. Pero no es un don fácil de vivir, porque cuando luego dice: "Manténganse, pues, firmes y no se dejen oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud". San Juan, en su evangelio nos dice: "la verdad les hará libres" Juan 8, 32

Hoy deberíamos preguntarnos: ¿Realmente vivimos en libertad o hemos caído en el libertinaje?

El término "libertinaje" se utiliza para hacer referencia a aquellas conductas y comportamientos considerados inmorales, que no respetan la ley, humana o Divina, y que tienen por objetivo la búsqueda del placer inmediato sin importar las consecuencias o el modo que tales conductas afectarán al resto de los miembros de la sociedad o de la Iglesia.

Se predica libertad, pero quizá no nos damos cuenta que esa "libertad" que poseemos, en mayor o menor medida, nos la puede ir enturbiando nuestro mundo "color de rosa".

Nunca se ha hablado tanto de libertad como en nuestros días. Tal vez porque nunca hubo tan poca. No me estoy refiriendo a los regímenes totalitarios ni dictatoriales, ni siquiera a oposiciones económicas. Aludo a la continuo veneno que todos los días nos meten los medios de comunicación en nuestros hogares y mentes. Y todavía se sigue pensando que somos plenamente libres en nuestras ideas.

El bombardeo de los mass-media y de las grandes fuerzas políticas nos van dando la sopa cotidiana de una ideología en la que el pensar por cuenta propia es una perdida de tiempo, pues ya nos lo ofrecen todo ya elaborado. No sabemos quién nos fabrica la papilla mental de la que vivimos, pero sabemos que la comemos. Ya muy poco "discernimos", simplemente "consumimos".

Es inútil dar un grito ensordecedor reclamando ¡libertad!, las fuerzas externas a nuestra propia persona son un fardo oneroso –que si lo permitimos- nos impiden incluso pensar con libertad.

Hay que llegar a comprender que la libertad es un elemento constitutivo de la acción específicamente humana, en virtud de la cual la voluntad no elige obligatoriamente una de las varias opciones que le presenta el entendimiento, sino que elige cualquiera de ellas o simplemente ninguna. Es decir se es libre en la elección.
Se pueden distinguir diversos tipos de libertad; la libertad física, que es la capacidad de actuar porque no existen impedimentos físicos. Se trata de la libertad que recobra el encarcelado cuando sale de su prisión, o la que recupera el enfermo que estaba por una dolencia que le ataba al lecho.

Del mismo modo, existe otra esfera de actividades y de impedimentos, y es el campo del llamado "mundo moral". Esencialmente no es el mundo del ser y del no-ser, sino del bien y del mal. Con sus categorías de lo mandado, de lo prohibido y lo permitido. En esta esfera o estrato es donde aparece la libertad moral. Aquel enfermo que había estado en el lecho, al recobrarse de su enfermedad, recupera su libertad física; pero sigue obligado por los vínculos morales, y por eso no es libre moralmente para mentir o dañar al prójimo.

Todo ser humano que forma parte de ese mundo físico y moral se halla envuelto por múltiples esferas. Tales serían, entre otras, la atmo-sfera, la hidro-sfera, la termo-sfera, la bio-sfera y la noo-sfera (conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven).

Es innegable que en nuestro mundo se busca la libertad, que se quiere ser libre en plenitud. Este anhelo de libertad que todos llevamos en nuestro ser puede perder la brújula e irse a la deriva cayendo en el libertinaje más horroroso.

Me remito a lo que se ve en la televisión, y aún mas peligrosa, la internet en sus muchas variantes. El derecho de libre expresión se ha convertido en un argumento para sacar "del closet" todo tipo de basura, sexo, pornografía, violencia, escenas tan inmorales como nunca antes .

Me parece a mí que se está cayendo en el escollo de convertir la libertad universal en un libertinaje generalizado.

Es tal el influjo de los medios de comunicación que no sólo nos hacen la papilla del libertinaje, sino que incluso nos la ponen en la boca, quedando para nosotros el "fatigoso" trabajo de tragarla inconscientemente.

La libertad no consiste en una total autonomía, sino que desde sus orígenes está asociada a un orden legal, bien sea natural o positivo.

Pero el conformismo actual se ha vuelto la gran ley del mundo y son cada vez más los seres que abdican de su libertad de pensar a cambio de que les garanticen la libertad de pensar igual que los demás y así, según ellos, "no hacer el ridículo".

Jesucristo no ha venido a poner a nadie cortapisas para la alegría, para la vida plena, no ha venido a quitar nada a nadie, sino a dar plenitud, a dar libertad, alegría, sentido, paz.

Por ello la verdadera señal de la presencia de Jesucristo es la libertad interior.

La gracia de Cristo no se opone de ninguna manera a nuestra libertad cuando ésta corresponde al sentido de la verdad y del bien que Dios ha puesto en el corazón del hombre.

Ahora bien, es tan importante como conseguir nuestra libertad, es aceptar el reto de mantenerla, porque ciertamente una cosa es conseguir la libertad y otra es mantenernos libres. Esto es no dejarse contaminar, "un poco de levadura contamina toda la masa." Por esa razón es importante sentirnos libre para someternos y sujetarnos nosotros mismos a Dios, pero como decisión nuestra, porque El así nos lo ha enseñado y es nuestra libre voluntad el decidir someternos a El, para buscarle y para estar cerca de El, así como nos enseña el Apóstol Santiago quien convivió junto a Jesús en la tierra por algunos años: "Sométanse, pues, a Dios; resistan al Diablo y él huirá de ustedes. Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. Limpien, pecadores, las manos; purifiquen los corazones, hombres irresolutos. Lamenten su miseria, entristézcanse y lloren. Que su risa se cambie en llanto y su alegría en tristeza. Humíllense ante el Señor y él los ensalzará." Santiago 4, 7 a 10

Busquemos la fuerza que nos viene de Dios. Si yo no me siento libre, no es por culpa nadie más que mía, en efecto, somos responsables de hacer nuestra propia decisión de ser libres no importando que circunstancias o situaciones puedan ser. Para ello busquemos la fuerza que nos viene de Dios, de vivir unidos en oración con El. "Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en la fuerza poderosa. Revístanse de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Diablo… Por eso, tomen las armas de Dios, para que puedan resistir en el día funesto, y manténganse firmes después de haber vencido todo." Efesios 6, 11-13

Cristo nos enseña que el mejor uso de la libertad es la caridad, que se realiza en la donación y se hace concreta en el servicio. Solamente la libertad que se entrega conduce a la persona humana a su verdadero bien. Tu caridad, aportación a la Misión EWTN el lo que nos capacita a seguir llevando El Esplendor de la Verdad hasta los confines de la tierra. El Señor, rico en generosidad sabrá bendecirte abundantemente.

Pepe Alonso