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Carta de Pepe Alonso para el mes de Mayo

Miami, mayo del 2015

Mis queridos hermanos y hermanas en la Fe.

Muchos de ustedes se han preguntado ¿que ha pasado con Pepe y Viri, mi esposa? La respuesta es que nos encontramos, después de más de cuatro meses y tres distintos tratamientos de quimioterapia, aún luchando por la recuperación de ella de esa maligna leucemia.

Estamos viviendo un caminar, día a día, en fe. Nuestra vidas están fundamentadas en este texto de la Palabra de Dios: "La fe es como aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver." Hebreos 11,1

La recuperación total de Viri aun no la vemos, pero, en el Señor, la esperamos.

Por mi mente han pasado muchas enseñanzas que, durante muchos años he llevado a otros, y hoy quisiera compartir algunos pensamientos con ustedes.

Uno de los peores males de nuestro tiempo es el divorcio entre fe y vida cotidiana. Así muchos son “cristianos” en la vida privada, pero en lo público son hombres y mujeres “del mundo”, viviendo según los criterios del mundo y no según Dios. Cuántas veces, lamentablemente, estas personas en nada se distinguen de quienes viven de espaldas a Dios. ¿Porqué esto?

El verdadero cristiano es una persona de fe. No se puede ser cristiano sin haberse encontrado con Cristo, pues cristiano es quien es “de Cristo”.

Nuestra fe nace de un encuentro personal con el Dios vivo manifestado en Jesucristo Nuestro Señor. Dios nos llama y nos revela su amor para que vivamos con seguridad y sepamos sobre quién hemos construido nuestra propia vida.

Cuando queremos cimentar nuestra vida sobre el amor de Dios entendemos que la fe no puede ser algo accesorio. Lo accesorio, en el fondo, es un añadido que puede estar o no presente, sin alterar lo importante. Con la fe no es así. La existencia del cristiano debe estar fundada en Dios, en Aquel que nos ha creado y nos ha concedido el don de la fe y al que respondemos con la adhesión sincera y coherente de la propia vida.

Cuando entramos a un cuarto que está a oscuras, al principio es muy poco lo que podemos ver. Incluso cuando nuestros ojos se acostumbran a la oscuridad, no logramos ver con claridad lo que hay. Todo cambia cuando abrimos las cortinas y ventanas, o encendemos la luz. Entonces todo queda iluminado, y podemos ver con claridad. De manera análoga, la luz de la fe ilumina nuestra existencia. La fe ilumina a todo el hombre: su inteligencia, su voluntad, sus afectos, sus emociones, su historia, sus anhelos, su futuro eterno.

Así como no hay nada en el hombre que la luz de la fe no ilumine, sería absurdo pensar que puede haber sólo “una parte de mí” que es cristiana y “otra parte” que vive mundanamente.

El encuentro con Dios es total y, por tanto, es toda la persona que se encuentra con Dios y a quien Dios transforma. Por eso creemos en Dios con la mente, nos adherimos a Él con el corazón y buscamos vivir según sus enseñanzas en la acción.

A nuestras vidas llegan los problemas que nos ponen a prueba. Aunque somos hijos de Dios siempre se presentan problemas, algunos son sencillos y otros son difíciles. El asunto está en cómo nos sentimos ante el problema y como lo resolvemos.

Los problemas pueden hacer que nos apartemos y abandonemos la fe. Muchos hermanos cuando vienen los problemas no lo resisten y se apartan, estos los describió Cristo  como tierra de pedregales donde cayó la semilla, aunque tengan tiempo en el camino de la fe, cuando viene la aflicción se apartan. Mateo 13, 20 y 21

La Palabra de Dios nos anima a perseverar, a mantenernos firmes, a no fluctuar en la fe. "Sigamos profesando nuestra esperanza sin que nada nos pueda conmover, ya que es digno de confianza aquel que se comprometió." Hebreos 10:23 

A pesar de los problemas, de los gigantes que se levantan contra nosotros, debemos seguir firmes, entendiendo que Dios está con nosotros.

Como dice el Salmo 23: "Aunque pase por quebradas oscuras, no temo ningún mal, porque tú estás conmigo con tu vara y tu bastón, y al verlas voy sin miedo."

Aunque todo se vea mal, negro en nuestro alrededor, en nuestra vida y en nuestro corazón, no desmayemos, no nos apartemos.

Es por ello que el cristiano debe vivir su fe en el mundo actual de manera integral: pensando como cristiano, sintiendo como cristiano y actuando como cristiano. Eso nos llevará, en algunas ocasiones, a ser signos de contradicción, a ir contra corriente. Debemos recordar las palabras que el mismo Señor Jesús dirigió a sus discípulos: «Les he hablado de estas cosas para que tengan paz en mí. Ustedes encontrarán tribulaciones en el mundo. Pero, ánimo, yo he vencido al mundo». Juan 16, 33

A pesar de los retos, no debemos temer pues sabemos que en Cristo Resucitado tenemos asegurada la victoria final. Mientras tanto, nuestras tribulaciones terrenales tienen un significado y un propósito. La respuesta es que cada uno de nosotros debe pasar por ciertas experiencias para llegar a ser como nuestro Salvador. En la escuela de la vida, el maestro es muchas veces el dolor y la tribulación, pero las lecciones tienen por objeto refinar y fortalecer, y no destruir.

Muchos de ustedes se han preguntado ¿qué está haciendo Pepe en estos días? Mi respuesta es: Muy sencillo, cumpliendo con mi prioridad ante el Señor que es cuidar y estar al lado de mi esposa en su largo tratamiento de la leucemia. Dice la Palabra de Dios:  "Quien no se preocupa de los suyos, especialmente de los de su casa, ha renegado de la fe y es peor que el que no cree." 1 Timoteo 5, 8

No puedo ser "luz de la calle y oscuridad de la casa".

Gracias infinitas a EWTN que me ha brindado todo el apoyo para que, cumpliendo con mi esposa, nuestra Fe en Vivo continúe al aire, adaptándose a mi actual situación.

Y a todos ustedes Viri y yo les extendemos también todo nuestro agradecimiento por todo el apoyo que nos siguen brindando con sus oraciones. En Cristo, ¡Venceremos!

Su hermano en Cristo resucitado y María.

Pepe Alonso