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Carta de Pepe Alonso para el mes de septiembre

Muy queridos hermanos en Cristo Jesús. Pedimos a nuestro Señor que al leer la presente se encuentren bien, en compañía de sus seres queridos.

Ha llegado una temporada muy especial para los que vivimos en el Caribe y en las costas del Atlántico norte, ya que por lo general es en este tiempo cuando los huracanes suelen visitarnos, y cuya visita no es del todo deseada. Mas con la naturaleza, especialmente con este tipo de fenómenos atmosféricos, es muy difícil de pronosticar qué pasará, lo único aconsejable es estar preparados por sí acaso. Hay que tener agua, alimentos enlatados, radio, lamparas, baterías, botiquín de primeros auxilios, protectores de ventanas y puertas, etc.

En pocas palabras, hay que ser previsores, pues de lo contrario uno lo puede pasar muy mal, y cuando llega la tormenta es demasiado tarde para tomar precauciones, todo lo que queda es afrontar las consecuencias de la irresponsabilidad, las cuales suelen ser graves.

Esta temporada de preparación y vigilancia siempre me trae a la memoria aquella famosa parábola de las diez vírgenes, que Nuestro Señor nos las dio en el contexto de la parusía o sea su segunda venida al fin de los tiempos, y que encontramos en el evangelio de San Mateo, capítulo 25: 1 al 13

En el oriente las bodas se celebraban de noche. El novio se trasladaba a la casa de la novia para tomarla por esposa. Las doncellas, que eran parte del cortejo, salían a encontrar al novio cuando éste llegaba; de esta manera tomaban parte en la ceremonia. Jesús usó esta imagen para darnos una muy importante enseñanza, a la vez que advertencia. Nos cuenta de: diez muchachas que en una boda, tomaron sus lámparas de aceite y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran despreocupadas y cinco eran previsoras. Las despreocupadas llevaron sus lamparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; en cambio, las previsoras llevaron sus botellas de aceite, además de sus lámparas. Como el novio tardaba en llegar, les dio sueño a todas, y por fin se durmieron. Cerca de la media noche, se oyó gritar: ¡Ya viene el novio! ¡Salgan a recibirlo! Todas las muchachas se levantaron y comenzaron a preparar sus lámparas. Entonces las cinco despreocupadas dijeron a las cinco previsoras: "Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando." Pero las muchachas previsoras contestaron: "No, porque así no alcanzará ni para nosotras ni para ustedes. Más vale que vayan a donde lo venden, y compren para ustedes mismas. Pero mientras aquellas cinco muchachas fueron a comprar aceite, llegó el novio, y las que habían sido previsoras entraron con él en la boda, y se cerró la puerta. Después llegaron las otras muchachas, diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!" Pero él contestó: "Les aseguro que no las conozco."

Las diez muchachas simbolizan a todos los cristianos. Notemos que el Señor nada nos dice de la apariencia exterior, ni de la capacidad intelectual, ni la posición social de las muchachas. No nos dice si eran hermosas o feas, ricas o pobres, inteligentes o ignorantes; las clasifica simplemente como previsoras y despreocupadas.

La llegada del novio puede producirse de dos maneras, ya sea que nos toque vivir ese momento que sucederá, la segunda venida de Nuestro Salvador Jesucristo ¡Aleluya!, o nuestra partida de este mundo por la muerte. Por cualquiera de estos dos caminos ¡el novio se aproxima!.

La gran pregunta a hacernos es: ¿tengo suficiente aceite?, ¿mi lámpara alumbra? La fe viva, que obra por amor, es la que produce la luz que nos tiene siempre en vela. Lo que sí vale es tener fe, y que esta fe nos haga vivir con amor. Gálatas 5:6 La lámpara sin aceite es la fe muerta, una fe sin obras. En resumen: así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe está muerta si no va acompañada de hechos. Santiago 2:26

Mas ¿cómo podemos lograr que la fe se fortalezca y crezca. San Pablo nos da la receta, cuando nos dice: Así pues, la fe viene como resultado del oír, y lo que se oye es el mensaje de Cristo. Romanos 10 17

La Palabra de Dios es la fórmula para que una fe viva se dé en nosotros. Necesitamos meternos de lleno en la Palabra de Dios, necesitamos conocer más la Palabra para después vivirla. Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino. Salmo 119:106

Jesús nos dice: " Por lo tanto, el que me oye y hace lo que yo digo, es como un hombre prudente que construyó su casa sobre roca. Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos contra la casa; pero no cayó, porque tenía su base sobre la roca. Pero el que me oye y no hace lo que yo digo, es como un tonto que construyó su casa sobre la arena. Vino la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y la casa se vino abajo. ¡Fue un gran desastre! Mateo 7:24 a 27

No seamos tontos, despreocupados, seamos cristianos previsores, con nuestras lamparas encendidas por la fe, que nos viene por vivir la Palabra de Dios.

Su hermano en Jesús y María. 

Pepe Alonso

 

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