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Carta de Pepe Alonso para el mes de noviembre

Jesús esté con ustedes. Un gran saludo en el nombre del Señor.

El pasado 22 de octubre celebró la Iglesia Católica el Jubileo de las Misiones, con una magna Eucaristía celebrada en la Plaza de San Pedro y presidida por Juan Pablo II. Les presento la siguiente reflexión desprendida de este evento.

¡El tiempo vuela! La vida se nos va, mas eso no tendría importancia si nos encontramos cumpliendo con la misión primordial para la cual estamos en este mundo: EVANGELIZAR. Si no nosotros, ¿quién?; si no ahora, ¿cuándo?

Hoy, más que nunca, nuestra Iglesia nos ha recordando de una manera vigorosa e incesante, que todo bautizado tiene que cumplir con su vocación a la misión esencial de la Iglesia: evangelizar. Revisemos brevemente lo que el Espíritu Santo está ablando a la Iglesia en los últimos 30 años, principiando por el llamado que el Concilio Vaticano II (1962-1965) nos hizo a los laicos: "Así, todo laico, en virtud de los dones que la han sido otorgados, se convierte en testigo y simultáneamente en vivo instrumento de la misión de la misma Iglesia en la medida del don de Cristo (Efe 4,7)". Lumen gentium # 33

Diez años más tarde, en 1975, la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi afirmó qué: "Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar." E.N. # 14

En el año 88 se nos dio el primer documento en todos los dos mil años de vida de la Iglesia, dirigido primeramente a los laicos, Christifideles Laici, el cual nos dice en el # 33: "Los fieles laicos, precisamente por ser miembros de la Iglesia, tienen la vocación y misión de ser anunciadores del Evangelio: son habilitados y comprometidos en esta tarea por los sacramentos de la iniciación cristiana y por los dones del Espíritu Santo... Cada discípulo es llamado en primera persona; ningún discípulo puede escamotear su propia respuesta: << ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! >> 1 Cor. 9,16

En diciembre de 1990 Juan Pablo II nos dio la Carta Encíclica Redemptoris Missio que dice: "Dios abre a la Iglesia horizontes de una humanidad más preparada para la siembre evangélica. Preveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes. Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos". R.M. # 3

Por si todo lo anterior ya se nos hubiera olvidado, Juan Pablo II y todos los Obispos de toda América nos dieron en el año 1999 la Exhortación Apostólica LA IGLESIA EN AMÉRICA. Una frase de dicho documento nos puede ilustrar la urgencia que nuestros Pastores sienten en cuanto a la evangelización: "El encuentro con el Señor produce una profunda transformación de quienes no se cierran a Él. El primer impulso que surge de esta transformación es comunicar a los demás la riqueza adquirida en la experiencia de este encuentro. " E:A: # 68

¡Más claro no canta un gallo!, si no hemos oído este llamado a CADA BAUTIZADO es por qué posiblemente no hemos estado en sintonía con la Iglesia, nuestra antena espiritual ha estado enfocada en quien sabe qué otras direcciones. El Maestro llama a cada bautizado a ser su discípulo, y como tal a cumplir con la gran comisión que el nos dejo hace 2000 años, pero que por desgracia, para la mayoría de los cristianos se ha convertido en la gran omisión. ¡No lo estamos haciendo bien! ¿por qué? Quizá por qué tenemos mentalidad de labradores. Veamos:

Jesús dijo: "-Síganme, y yo los haré pescadores de hombres." Mateo 4:19 A mí me llama la atención que Jesús, hablando tantas veces del Reino de los Cielos, y habiendolo comparado casi siempre con imágenes de la vida del campo: a un grano de mostaza, a un sembrador, a una vid y sus ramas, a una higuera, a un tesoro escondido en un campo, etc., sin embargo, para colaborar en su obra no llamo a campesinos ni les dijo: "Ustedes serán labradores de mi campo" sino que serán "pescadores de hombres". ¿Por qué Jesús llamó a pescadores y no a labradores? Porque la mentalidad del labrador no sirve para trabajar en el Reino. Se necesita la mentalidad del pescador.

Veamos la diferencia:

1) El campesino trabaja ordinariamente solo. El pescador siempre lo hace con otros. Tiene mentalidad de equipo, de comunidad.

2) El campesino posee su campito y lo cerca para que nadie se meta ni tome nada. Incluso pone un letrero que dice: "Propiedad privada. Prohibida la entrada. Cuidado con el perro". El pescador no tiene un pedazo de mar. Sabe que no le pertenece. Su mundo es mucho más amplio y abierto, sin cercas ni límites. Su horizonte termina hasta donde su mirada se pierde.

3) El sembrador trabaja durante el tiempo de la siembra; pero luego ya no tiene nada que hacer sino esperar hasta el tiempo de la cosecha. Esta siempre sujeto al calendario. Tiene un programa. El pescador trabaja todos los días. Si un día no lo hace, ese día no come. Trabaja todas las estaciones del año.

4) El labrador una vez que ha recogido su cosecha la guarda en el granero. Tiene mentalidad de almacenador, y en esto finca su seguridad. El pescador no puede guardar sus pescados, pues se le echan a perder y apestan. El tiene que vivir al día, sin reservas ni seguros.

5) Y lo mas importante: el labrador va de su casa al campo siempre por el mismo camino, por donde anduvieron sus abuelos y sus padres. Hasta los animales van y vienen solos por el camino trillado y conocido. Siempre caminan por el mismo sendero. El pescador nunca toma el mismo camino. En el mar no hay caminos sino que cada día se toma un derrotero diferente. Cada día se tiene que parar frente al mar y preguntar: y ahora, ¿por dónde? La mentalidad del pescador es la que sirve para colaborar en la obra de evangelización, porque vive sin fronteras ni seguros, sino con la libertad de las olas del mar.

Dios necesita colaboradores:

-Que no trabajen solos, sino siempre junto a otros.

-Que no tengan calendario o programas conforme a las estaciones del año, sino que trabajen todos los días.

-Que no almacenes su cosecha en graneros, sino que dependa del Dios que da el maná de cada día.

- Que todos los días, en vez de ver su agenda o su programa prefabricado, le pregunten: "Ahora Señor, ¿por donde? ¿Qué quieres hoy de mí".

-Que tengan la actitud del salmista que dice: "Tu palabra es una lampara a mis pies y una luz en mi camino". Salmo 119,105 No quiero programar el itinerario completo, sino que en cada paso quiero depender de la luz de tu Palabra.

Visto lo anterior, la pregunta a hacernos sería: ¿Qué mentalidad es la mía? ¿Soy un campesino o soy un pescador? Ojalá que tu respuesta sea la del pescador, pues solamente con esa mentalidad es que podemos responder al llamado a la NUEVA EVANGELIZACIÓN.

Pepe Alonso

 

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