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El
Pensamiento de Juan Pablo II
En tiempos del Concilio de Trento, un estudioso
dominicano, el Papa Pío V, ocupaba la silla de Pedro y guiaba la
implementación a la Iglesia de los numerosos documentos dogmáticos de aquel
Concilio. Hoy, en la era posterior al Concilio Vaticano II, el hombre más
idóneo para implementar los decretos conciliares también está al frente, y
ese hombre es Juan Pablo II. Tal es la Santa y Sabia Providencia de Dios.
Se ha afirmado que el Concilio Vaticano II no fue más que un Concilio
pastoral, de contadas contribuciones doctrinales a la tradición sacra. De
acuerdo con esa línea de razonamiento esto no constituye mayor problema.
Está constituido por muchas corrientes de pensamiento, no todas buenas, que
fluyen por sus textos, cuyos lenguajes son equívocos, de difícil
interpretación y sujetos de abuso. Es, básicamente, un Concilio para el
olvido.
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El hombre perfecto para implementar el Concilio
Vaticano Segundo
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Como para probar su tesis, sus detractores arguyen
libertad de doctrina y moral basándose ellos mismos en el “Vaticano II” o en
su “espíritu”. Sin embargo, tales argumentos raras veces citan correctamente
las palabras del Concilio. No debe perderse de vista que la reforma
protestante estuvo basada en los textos inspirados de las Sagradas
Escrituras, los cuales fueron malinterpretados y aplicados erróneamente.
Seria inusual, no cabe duda, si algún trabajo humano, aunque fuere éste de
naturaleza especial, estuviese libre de malos entendidos y distorsiones. En
ambos casos el problema consiste en llegar a una interpretación auténtica,
garantizada por el mejor razonamiento teológico y, en última cuenta, por el
carisma del Magisterio.
Personalismo
Si puede usarse una palabra para describir el carácter
de los escritos del Concilio Vaticano II y de aquellos del Papa, tanto antes
como durante su Pontificado, ésta sería personalismo. El personalismo es un
movimiento filosófico y teológico del siglo XX, que busca investigar la
realidad a partir de la perspectiva de la persona humana.
Pero uno podría preguntarse, ¿acaso no todos los estudios son realizados por
seres humanos “desde el punto de vista de la persona”, dado que son los
seres humanos quienes estudian y ellos son personas? La respuesta seria no!
Históricamente, la mayoría de los estudios filosóficos, científicos y
teológicos han tratado al ser humano como los objetos que son CONOCIDOS, y
no como los sujetos que CONOCEN. Por ejemplo, con frecuencia la filosofía se
ocupa del estudio de la naturaleza humana, o del hombre. Tal estudio concibe
al hombre como un objeto para poder luego generalizar a partir de lo que el
filosofo aprende acerca de los seres humanos, y de esta manera poder
determinar lo que tienen en común, lo que es esencial en el hombre. De
aquello que el filosofo descubre, puede decirse que es aplicable a todo ser
humano. Aunque no cabe discusión sobre la persona humana individual per se,
el filosofo sí puede determinar QUÉ es la persona humana.
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El individuo como persona y no el hombre como
objeto
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Tal filosofía objetiva, y teología, son absolutamente
necesarias, en vista de que generan verdades auténticas acerca de la
realidad, tales como la naturaleza de las cosas (e.g. la naturaleza de Dios,
de la Encarnación de Jesucristo, del hombre, de la ley, de la Iglesia, de
los Sacramentos, y así sucesivamente). CUALQUIER COSA que puede ser objeto
de estudio puede ser tratada de esta manera. Respecto de lo que interesa a
un católico, la Summa Teologica es el más grande trabajo de filosofía y
teología objetivas (sintetizadas en una) jamás realizado. En los numerosos
escritos de Tomás de Aquino, contamos con el mayor corpus de filosofía
objetiva (realista) que el mundo probablemente vaya a ver.
No obstante, cuando se trata con el hombre, no es suficiente verlo como una
cosa. El resultado es, en el mejor de los casos, una verdad parcial. Las
filosofías detrás del Nazismo y el comunismo, llámense materialismo y
liberalismo, no tienen ninguna dificultad en reducir al ser humano a objetos
de estado, de la evolución, del capital, o de alguna otra fuerza colectiva.
El personalismo propone que en cualquier asunto en el que esté presente el
hombre, la principal preocupación debe ser la persona individual y no el
hombre como objeto, como una cosa.
Ciertamente, la Iglesia ya contaba con esta perspectiva. Ella, además de la
filosofía objetiva de Santo Tomás, contaba también con el Evangelio. No
existe filosofía humana que pueda ser más personalista que el mensaje de
Jesús, la Persona Divina que se hizo hombre para enseñarnos cómo amar a las
personas tal como las ama Dios. Así todo, realmente la Iglesia no había dado
una base filosófica a tal personalismo, concentrándose en desarrollar la
naturaleza objetiva de la verdad (como aparece en líneas anteriores). De
esta manera, mientras el personalismo nació de filósofos seculares como una
reacción frente a las filosofías y programas deshumanizantes de nuestra era,
algunas personas en la Iglesia se dieron cuenta rápidamente de lo mucho que
éste tenía en común con el propio mensaje que ella transmite. Ellos lo
introdujeron en la Iglesia mediante diversos caminos, y fue así que la
principal preocupación del personalismo llegó al pensamiento del Concilio
Vaticano II, proveniente de variadas fuentes. Por ello es importante
distinguir el personalismo auténtico del falso, y encontrar la manera
correcta de interpretarlo de forma consistente con la verdad que la Iglesia
ya conoce.
...Continuará.
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