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Cuando un Papa muere
La ley de la Iglesia señala
ciertos procedimientos para cuando un Papa muere, sea cual fuere
la circunstancia. En concreto, debe ser observada la Constitución
Apostólica Universi Domini Gregis. Lo primero,
claro, es certificar que el Papa realmente está muerto.
Esta tarea corresponde al Camarlengo de la Santa Iglesia Romana..
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| En
presencia del Maestro de las Ceremonias Litúrgicas Pontificias,
del los Clérigos Prelados de la Cámara Apostólica,
y del Secretario y del Canciller de la Cámara Apostólica,
el Camarlengo certifica la muerte del Papa. Esto, naturalmente,
requiere de la asistencia de personal médico. Una vez
cumplido este trámite, el Canciller de la Cámara
Apostólica elabora el certificado oficial de defunción.
Enseguida el Camarlengo sella la habitación y el estudio
del Papa. Los sellos no serán quitados hasta que sea
electo el sucesor. En caso que el Papa difunto haya manifestado
expresamente en su testamento el nombre de quien será
el albacea de sus bienes personales, éste será
el responsable de cumplir fielmente su voluntad y de informar
al nuevo Papa del cumplimiento de su encomienda.
Hecha la certificación de la muerte del
Papa, el Camarlengo notifica al Arcipreste de la Basílica
Vaticana y al Cardenal Vicario de la diócesis de Roma.
Es a este último a quien corresponde anunciar a la Ciudad
de Roma que su obispo ha fallecido. Entre el Camarlengo y el
Prefecto de la Casa Pontificia, deben informar al decano del
Colegio de Cardenales. Éste, a su vez, notifica oficialmente
a los demás cardenales y los convoca a Roma. También
informa al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa
Sede y a las cabezas de las diversas naciones. El Camarlengo
también debe asumir la custodia de los palacios apostólicos
del Vaticano, el Palacio Lateranense y Castel Gandolfo, o sea,
las diversas residencias personales del Papa.
Cuando el cuerpo del Papa ha sido debidamente
preparado es llevado a la Capilla Sixtina para ser honrado privadamente
por la Casa Papal y los cardenales. Posteriormente es llevado
a la basílica patriarcal del Vaticano, San Pedro, donde
reposará en velación.
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